Colabora con nuestro refugio
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Comunidad de seglares que desean caminar bajo el signo de la Cruz con una pertenencia catĂłlica más consciente. Amigos de la Cruz reĂşne a quienes buscan una vida cristiana sostenida por vĂnculos reales, donde la formaciĂłn compartida, los retiros y las obras comunes van creando una amistad nacida de la misma fidelidad. Cuando la fe se vive entre cansancios, aislamientos o responsabilidades que pesan demasiado para llevarlas sin compañĂa, una comunidad catĂłlica permite perseverar con consejo, reconocer a otros que combaten bajo el mismo signo y dar mayor hondura a la propia vida ordinaria. Esa vocaciĂłn de amistad cristiana inspira tambiĂ©n el futuro Refugio de la Cruz, llamado a ser una casa sobria de retiro y acogida para hombres que busquen silencio, disciplina espiritual y vida fraterna junto a la Cruz de Nuestro Señor.
FormaciĂłn de la mente y del espĂritu en las virtudes tradicionales cristianas. En su sentido más hondo, formar es recibir una forma, y para la tradiciĂłn catĂłlica esa forma tiene un nombre: Cristo, medida interior del hombre, principio vivo desde el que la inteligencia aprende a mirar la realidad, la voluntad se fortalece en el bien y la vida adquiere una direcciĂłn reconocible. Amigos de la Cruz entiende la formaciĂłn como una educaciĂłn del juicio cristiano, alimentada por la liturgia, por la memoria de la Iglesia y por el trato frecuente con los grandes autores catĂłlicos; una educaciĂłn que desciende despuĂ©s a la existencia ordinaria del seglar, donde cada deber, cada vĂnculo y cada cruz personal ponen a prueba la verdad de lo aprendido. La formaciĂłn cristiana da hondura a la libertad porque enseña a vivir bajo una disciplina recibida, más alta que el propio gusto y más fecunda que la opiniĂłn cambiante de la Ă©poca.
Fidelidad a la Tradición y al Magisterio vivo de la Iglesia, recibidos como una herencia que da forma a la inteligencia de la fe y sostiene la presencia cristiana en la vida pública. Amigos de la Cruz nace de la gratitud por un patrimonio católico que ha educado a generaciones enteras, visible en la liturgia, en la memoria histórica de la Iglesia y en las obras donde la fe ha ido dando forma cristiana al pensamiento, al arte y a la vida moral. Ante una época que debilita la memoria y confunde la pertenencia, afirmamos una fidelidad serena, arraigada en lo que la Iglesia ha conservado a través de los siglos y en lo que sigue enseñando hoy con autoridad viva. Bajo la divisa Stat crux dum volvitur orbis, esa herencia recibida vuelve a ocupar un lugar visible en la vida común de los seglares.